sábado, 12 de junio de 2010

Preocuparse puede generar recuerdos de cosas que nunca sucedieron...

¿Cuántas veces le han dicho a usted que, ante un problema, mejor que preocuparse es ocuparse? ¿Y a razón de cuántos minutos de su vida pasó angustiándose por lo que podría suceder si... ?

¿Cuántas veces le han dicho a usted que, ante un problema, mejor que preocuparse es ocuparse? ¿Y a razón de cuántos minutos de su vida pasó angustiándose por lo que podría suceder si... ?

Ahora, habría una explicación científica para hacerle caso al consejo o, al menos, tratar de hacerlo. Y para intentar ignorar aquél extendido sueño de caerse en un escenario antes de recibir un premio, el título de graduación, o ese otro en el que uno olvida hasta su nombre antes de un examen...

Y es que estudios llevados a cabo en la Universidad de Wisconsin-Madison (Estados Unidos) indican que el sólo hecho de anticiparse a o de preocuparse por algo que va a ocurrir hace que esta experiencia se grabe en el cerebro con la misma intensidad que un recuerdo negativo real, incluso antes de que ocurra.

Más al grano: que por el mero hecho de preocuparse usted está corriendo el riesgo de convertir esa aprensión en un recuerdo de un hecho que todavía no pasó.

De acuerdo con un ensayo publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences , cuando algo le preocupa a una persona se activa un circuito del miedo que amplifica el temor a volar o a hablar en público y condiciona así el comportamiento futuro de dicha persona.

Kristen Mackiewicz, cabeza del equipo que realizó la investigación científica analizando qué sucedía en el cerebro de voluntarios por medio de técnicas de resonancia magnética, explicó que el estudio se hizo para tratar de entender más y mejor la formación de recuerdos en casos de estres postraumático y aplicar tratamientos más apropiados.

Todos sabemos por experiencia propia que los hechos emocionalmente más perturbadores, como una agresión, un accidente o la muerte de un ser querido, quedan marcados en la memoria con mucha mayor profundidad que los acontecimientos cotidianos.

Fue estudiando este fenómeno, que los expertos descubrieron que el sólo hecho de anticiparse a una situación angustiante, temida o claramente mala puede activar dos regiones cerebrales relacionadas con la formación de recuerdos, incluso antes de que dicha situación se produzca.

Una persona que tenga miedo de hablar en público o de volar en avión sentirá ansiedad cada vez que se enfrente a estas situaciones. De acuerdo con los resultados obtenidos en Wisconsin-Madison, cuanto más tiempo pase alguien pensando en esas situaciones posibles o futuras, más fuertemente grabado en su cerebro quedará dicho acontecimiento, con lo cual más temor y aprensión y preocupación sentirá el individuo la próxima vez que tenga que exponer en público o subirse a un avión.

De manera que la anticipación a una situación angustiante pone en marcha en el cerebro un circuito de miedo que, al mismo tiempo, ayuda a reforzar viejos recuerdos y acentúa la grabación profunda de los nuevos.

Los investigadores tienen la esperanza de que, al descubrir qué regiones del cerebro participan en esta reacción, las personas que sufren algún tipo de desorden post-traumático no se vean invadidas continuamente por recuerdos espantosos de hechos que, en realidad, nunca ocurrieron.

Sabiendo dónde se da dicha fijación cerebral, podría desactivarse esa respuesta hiper negativa, eliminando la propensión a que esas personas recuerden tan fácilmente los recuerdos negativos.

Esta solución podría aplicarse sobre todo en el caso de desórdenes de estrés post-traumático y de ansiedad social, que suelen producir en quienes los padecen desagradables recuerdos intrusivos o retrocesos en el tiempo, generando una cíclica rememoración de los hechos traumáticos.

domingo, 25 de abril de 2010

Hikaru y Yuto.

En un pequeñisimo pueblo de un país asiático vivía Hikaru con su hijo Yuto. La esposa y madre habia fallecido hace menos de dos años y es por eso que ellos dos vivían solos.

Yuto tiene diecisiete años y su padre, Hikaru, sesenta. Ambos trabajan en su tienda de pescados que tienen en la feria del pequeño pueblo adonde habitan.

Pero Yuto aparte de ser un trabajador tiene la mentalidad de un niño, juega absolutamente todo el día. Se junta con niños menores y se presta a cualquier diversión con una sonrisa estampada en la cara.

Una tarde de las tantas en las que él jugaba con los otros chicos se quedo dormido, agotado en el piso, precisamente sobre la carretera de tierra que usan todos los transportes para entrar y salir del pueblo.

Un camión de providencias no pudo verlo debido a la escaza luz del lugar, y Yuto tuvo el infortunio de ser pasado por arriba por el camión. Pero al menos la muerte no le toco el timbre, sino que simplemente lo mando al hospital.

Hikaru corrió desesperado al hospital al enterarse de la noticia, y cuando llego el medico le dio el diagnostico: había que amputarle una pierna el escurridizo y jugueton hijo.

De forma llamativa Hikaru acepto la noticia con una sonrisa y le dijo al medico que no había ningún problema, que el cuidaría de su hijo una vez que la operación termine.

Al cabo de quince días, Yuto llego a su casa con muletas y decidió encerrarse en su cuarto por un prolongado tiempo.

Pueblo chico infierno grande, ya todos los habitantes sabían del accidente sucedido. Por eso el mismísimo día que Yuto volvió a casa se acercaron absolutamente todos a darle su apoyo al padre y su mas sentido pésame.

Pero para sorpresa del pueblo, Hikaru al recibir condolencias, apoyo y palabras de lamento, respondía únicamente “Hay que ver”.

Luego de la velada, los habitantes del lugar creían que el accidente de Yuto había vuelto loco a Hikaru, ya que no podían comprender que en vez de llorar desconsolado les respondiese a todos “Hay que ver”. ¿Habia que ver? ¿Qué cosa? ¡Su hijo había quedado con una sola pierna! Aparentemente Hikaru se había vuelto loco, y es por eso que poco a poco la gente comenzó a hacerlo a un lado y dejar de consumir sus productos que en otro momento eran considerados los mas frescos de la aldea.

Un mes mas tarde de lo ocurrido, aquel país asiático se declara en guerra. Absolutamente todos los chicos del pueblo tenían que enlistarse para ir a la batalla sin excepción alguna. Huir, no presentarse o simplemente negarse a participar era traición a la patria y la condena era la muerte.

Dos meses mas tarde, el mismo camión que había atropellado a Yuto, acompañado de dos mas, traía en su caja cientos de ataudes de todos los chicos del pueblo. La guerra había sido un fracaso y todos los chicos de la aldea habían muerto en la misma. Todos menos Yuto, que gracias a no tener una pierna no pudo ir a la guerra y con eso salvar su vida.

En el día del funeral la aldea entera se junto y luego de enterrar los cadáveres se quedaron consolándose entre ellos. Hikaru se acero a dar su mas sentido pésame, y de repente todos comenzaron a decirle lo afortunado que era en tener a su hijo, a lo que Hikaru respondió nuevamente, “Hay que ver, hay que ver”.

lunes, 18 de enero de 2010

Vistiendo a la verdad.

En una noche de pleno invierno, la verdad andaba desnuda por la ciudad y decidió salir a divertirse.
Se dirigió precisamente a la fiesta del pueblo, adonde asistirían todas las personas.

Al llegar, intento sin éxito alguno sociabilizar con todas las personas de la fiesta. Su desnudez, su crudeza y su cuerpo, eran lo más hermoso que podía verse en toda la kermes, pero aun así, parecía ignorada por todas las personas.

Intento acercarse a un grupo de jóvenes, pero se le rieron en la cara y se fue ofendida. Más tarde, dialogo con un grupo de ancianos, pero enojados se dieron media vuelta, explicándole que no querían escucharla. Y por último, hablo con un grupo de mujeres, que luego de prestarle atención por algunos minutos, se fueron ofendidas llorando.

La verdad, se fue corriendo entre lágrimas al baño, a intentar encontrar consuelo. Se vio al espejo, y luego de sentirse totalmente rechazada, decidió retirarse de la fiesta.

Cuando salía del baño, se quedo obnubilada viendo a una persona que brillaba como una estrella en un baño. Llevaba puesto un traje reluciente, limpio, llamativo, y espectacular. Unos zapatos lustrados que permitían usarlos de espejo. Tenía una sonrisa impactante, una mirada perfecta, y el porte envidiable de una persona segura y feliz.

Esta persona se acerco a la verdad y le pregunto qué le ocurría. La verdad, angustiada por demás, le dijo que había intentado hablar con todas las personas de la fiesta, pero que había sido en vano. Todos le escapaban, a pesar de su belleza, la gente la veía fea, amenazante y triste. Pero que ella solo se quería divertir.

Esta persona, le dijo que él era el placer, y que por eso todos ansiaban hablarle y estar cerca de él. Que todo lo que tenía lo transformaba en algo bueno, y que le iba a prestar algo que le solucionaría todos sus problemas.

Ambos se dirigieron al guardarropa, y el placer saco uno de sus trajes impactantes. Le dijo que se lo colocara, que era el mejor disfraz que tenia, y que ya vería las repercusiones que tendría.

La verdad le dijo que no comprendía, que si esa forma de vestirse era normal para él, entonces no le estaba prestando un disfraz, sino más bien una prenda. A lo que el placer le contesto que era un disfraz, que ella estaba desnuda, y que si se disfrazaba le iría mejor.

La verdad se vistió, y salió con el disfraz puesto a recorrer los pagos de la fiesta. Misteriosamente, todas las personas comenzaban a mirarla y a seguirla adonde ella se dirigía.

De repente, ella era la estrella de la fiesta, y aunque llevaba puesto un disfraz, no había perdido su esencia, no dejaba de ser la verdad en ningún momento.

La gente comenzó a acercarse, y ella comenzó a hablar, empezó a contarles todas las cosas que antes habían sido ignoradas, y ahora eran escuchadas de forma intensa y relajante.

Tal fue el efecto que tuvo ese disfraz sobre la verdad, para el final de la noche, toda la fiesta rodeaba a la verdad, y escuchaba atentamente lo que tenia para decir. Las personas levantaban la mano de a uno, y le hacían preguntas apuntando a la sabiduría de la verdad.

Entre aplausos, la verdad se retiro de la fiesta y comenzó a caminar en búsqueda del placer. Cuando lo encontró, le agradeció el favor, le dijo que lo había pasado genial, pero que no comprendía el secreto.
El placer, con una media sonrisa en la cara, le dijo que el disfraz se lo regalaba, que ella lo necesitaría mucho más que el. Que si él se desnudase, todo el mundo se le tiraría encima. Así que le obsequio el disfraz y le advirtió que nunca se lo sacara.

La verdad se sintió mal, como si fuese falsa y debiese aparentar algo que no es. Le transmitió estas inquietudes al placer, el cual sabio y paciente, le dijo que nadie en este mundo quiere escuchar su verdad. Que nadie en el mundo quiere ver la verdad, y que nadie en el mundo quiere aceptar su verdad. Pero que sin embargo, todas las personas quieren obtener su verdad disfrazada. Que todas las personas quieren un mensaje subliminal antes que una afirmación, y que todas las personas quieren escuchar su verdad disfrazada en sabanas de seda.


lunes, 7 de diciembre de 2009

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Un Beso lo Cambia Todo...



Hace poco en medio de una reunion me preguntaban como definirme. ¡Que pregunta! Creo que es imposible responder a eso, por que nadie sabe realmente como es, sino que siempre termina contando lo que le gustaría ser, pasando por alto que no existe un espejo sentimental que nos diga quienes somos.

Algo similar pasa con los sentimientos, todos saben como se sienten, pero te dicen como se quieren sentir cuando hablan de los mismos.

En lo respectivo a los sentimientos, siempre lleve adelante una bandera de honestidad tan brutal que a veces le ha costado el corazón a otras personas, y en algunas ocasiones a mi. Es que simplemente no puedo considerar por un segundo el hecho de sentir con la cabeza, y pensar con el corazón.

Los sentimientos son para sentir, y la cabeza para trabajar. No hay cuenta matemática que nos pueda decir cuanto ganamos al querer o a abandonar a alguien, lo único que nos queda es el consuelo de haberlo sentido y la feliz o triste aventura de aquellos que se animaron a buscar algo mas para su vida.

Pero yo, siempre quise mantenerme alejado de ese amor que se compra en el Easy, ese amor que viene con instrucciones para armar, cual mueble plegable, y un destornillador para desarmarlo cuando se pone viejo.
El amor normal, lo chato, lo esperado, lo común, lo predecible. Todo eso me produce un sentimiento de asco al mejor estilo de “La Nausea”, y no puedo controlar mi odio hacia esas personas que se refieren a su pareja como “Buena”, “Compañera”, “Dulce”, y todo tipo de atributos conformistas.

Vayan nomás, pregúntenle a su gente cercana que es lo que los enamoro de la persona que aman, y obtendrán como resultado las palabras mas vulgares del universo. Socaven, profundicen e indaguen y se encontraran con que la mitad de las personas que ustedes creían enamoradas, se han resignado a la búsqueda de su media naranja para pasarse al conformismo y tirarse a dormir la siesta eterna.

Una vez leí un fragmento del libro de Sigmund Freud que decía algo como que la clave del éxito para ser feliz es aprender a sustituir.
De la misma forma en la que vamos sustituyendo un calzoncillo de chico por uno adulto, y de la misma forma que cambiamos el auto que nos roban por otro distinto. Pero todo aplicado a personas, sentimientos, y pensamientos. Algo que no solo me lleno el culo de preguntas, sino que también me desalentó en la búsqueda eterna de la persona a quien admirar.

El amor sin admiración, es como comer un huevo sin sal, no sabe a nada. Pero sin embargo llena de igual forma el hambre pasajero y nos proporciona momentos de felicidad, o más bien, la necesidad momentánea que tenemos.

Por que las personas tenemos dos capas, la común y corriente, que es la que exhibimos en sociedad, y finalmente la de adentro, como un huevo, la parte blanda.
Y solo aquellos que conocen la parte blanda de su huevo, pueden considerarse afortunados o concientes de amar a alguien, de aceptarlo como es, y de poder brindarle su parte blanda.

Finalmente, como todo en la vida, el tiempo comienza a influir en nuestra forma de pensar, en nuestra concepción de los sentimientos, y por que no de las personas.

Yo, personalmente, me he enterado que jamás voy a terminar de sorprenderme de las personas. La gente en la vida de uno es como el teclado de un piano: hay demasiadas teclas blancas que están para rellenar, y un par de teclas negras que nos marcan para siempre.

Y son esas teclas negras quienes tienen el poder de lastimarnos, de sonar desafinadas, o de componernos la serenata más hermosa capaz de escucharse jamás.

Pero es algo ilógico, algo injusto, saber que el promedio de vida es de setenta años, veinticinco mil quinientos cincuenta días, seiscientas trece mil doscientas horas, y tan solo ocho míseras teclas que valen la pena, mientras una banda de teclas blancas revolotean alrededor nuestro.

Es cierto, la gente nunca deja de decepcionarte, la gente se quiere o no se quiere, se ama o no se ama, no existe una fábrica de sentimientos ni una formula para el amor que sea capaz de decirnos los movimientos exactos que dar.

Sin embargo, puedo decirles que la vida es un trabajo. Por mas feo que suene, es nuestro trabajo conseguir, buscar, pelear por las cosas que nos hacen felices. Nada se aparece regalado en balde, y en la búsqueda de algo mas podemos siempre perder el corazón, podemos terminar estancados, o para aquellos que tienen suerte, podemos terminar siendo las personas más felices del mundo.

En este mundo en el que vivimos, quedan tan pocas ofertas de felicidad real, de sacridad, de cosas que valen la pena luchar, que tarde o temprano terminamos empujados hacia el aparato digestivo de la gente, que nos come y nos degusta, para mas tarde vomitarnos dejándonos secos y dándonos cuenta de que estamos al lado de una persona que es buena compañera, buena persona, de lindos rasgos, pero que no nos transmite paz, que no nos hace crecer, y lo mas importante de todo, que no podemos amar por mas que le pongamos el mayor de los empeños.

Por eso mismo, considero que en este mundo no solo hay pocas cosas para ser feliz, sino que uno mismo tiene que encontrarlas. Y como si eso fuera poco, hay muy poco amor para dar. Estamos cargados de sentimientos oscuros, pretextos infantiles, y lo peor de todo unidos por la fuerza sin la fuerza de la unión.

Por todas estas razones, si alguna vez fuiste capaz de saber lo que piensa una persona con solo mirarla, si alguna vez fuiste capaz de conocer la peor parte de alguien y no te asusto, si alguna vez fuiste capaz de sentir que vale la pena vivir la vida al lado de alguien, o si fuiste capaz de abrazar a alguien y sentir que eran una sola persona, no importa nada mas.

No importa nada mas, lucha, pelea, hasta que no te queden fuerzas para levantar el teléfono, hasta que sientas que te desfalleces, hasta que se te cierre el estomago y no puedas ni tomar agua.
Lucha, incluso cuando todos digan que no lo hagas, cuando todos digan que sos un loco, que sos un obsesivo, que te olvides, que te estas lastimando. Lastímate, aunque viva en África, aunque este de vacaciones en México, aunque este a punto de tener un hijo.

Lucha, por que cuando estés viejo y la música de las teclas blancas te aburran, te vas a replantear toda tu vida. Hacete mierda, busca la tecla negra que te haga feliz, que te comprenda, y que no haga falta tocarla para saber como suena.

Por que algún día, entenderás que todos aquellos que te trataron de loco, están comiendo asados los domingos, contando los días para su jubilación, viviendo su vida a través de sus hijos, y llenos de compromisos que no los hacen felices.

Y recién ahí, por más cursi que suene, cuando encuentres a esa tecla negra, entenderás que un beso lo cambia todo. Que un beso divide la medianera entre la felicidad y la amargura, y que un beso, un simple beso, puede cambiar la vida de alguien para siempre.

Hace lo que sea, cualquier cosa que funcione, lo que te sirva, lo que sea que te de resultado. Nadie puede empañarte ni nublarte la vista más que a los ojos, el corazón camina por cuenta propia y nunca miente. Por eso, mira a tu alrededor, y hace lo que sea, cualquier cosa que te haya dado resultado, por que no existe una manera mas caníbal de lastimarse que no permitirse ser feliz.

lunes, 5 de octubre de 2009

Alimentando animales..


Mi humor, siempre mantuvo una regla oficial inquebrantable: Reírme pura y exclusivamente de aquellas cosas que se eligen, y dejar de lado, el puñado extenso de las que no.

Por eso, no me siento mal al reírme de un tarado mental que haciendo Willy con la moto se rompió una pierna, de un flogger, o simplemente de un tipo que decidió colgarse el celular en el pecho.

Sin embargo, no le encuentro la gracia a un orejon, un homosexual, o una esquizofrénica. Simplemente, por que sospecho que solo las cosas en las que el humano decidió el camino, pueden hacerme reír. De otra manera, seria lo mismo reírme de un árbol, de la lluvia, o de los planetas, y les puedo asegurar, que estaría con un chaleco de fuerza hace mucho tiempo.

De cualquier forma, hay una línea extremadamente delgada entre las cosas que se eligen y las que no. Por ejemplo, un alcohólico les dirá que la adicción no se elige. Y yo estoy seguro de que si.

Algo similar pasa con la obesidad, creo que el hecho de decidir atiborrarse de carbohidratos como si fuese el día del juicio final, es una decisión pura y exclusivamente de las personas. Nadie le puso un revolver en la cabeza a Porcel, y le dijo que derrapara en un restaurante chino. Por eso mismo, hoy voy a despotricar contra ellos, y voy a hacerlo sin piedad.

La obesidad, es para los argentinos lo mismo que para cualquier sociedad, la igualdad social: la pagamos entre todos.
Pero respecto a la igualdad social, nada puede hacerme sentir mejor. Y respecto a la obesidad, nada puede hacerme sentir peor.

No contentos con comer hasta perder la forma humana y tener menos forma que una cucharada de arroz, lo obesos han decidido ser subvencionados por todo un país que debe sufrirlos y mantenerlos.

Por eso digo basta, por que estoy podrido de poner plata para un grupo de personas que tiene la suerte de comer mucho, y resignar la porción de aquellos que tienen la mala suerte de no poder hacerlo.
Al vivir en un país en el que la gente muere de hambre, encuentro un poquitito mal el hecho de ayudar a quienes les sobra.

Pero la locura siempre camina de a pasos agigantados, y es por eso que no me sorprendió cuando una mujer obesa denuncio a una aerolínea por querer cobrarle dos boletos. ¿Qué pretendía? ¿Acaso le parecía correcto que alguien no viaje por culpa de su gordura? ¿O tenia pensado pedirle a su compañero de viaje que le sostenga el sobrante de su culo?

Como si esto fuera poco, gracias a esos amarillistas programas de televisión, se logro declarar a la obesidad como una enfermedad, lo cual me parece bien. Lo que me pareció mal, fue el aumento en mi obra social, para que estos animales descabellados puedan pagar su cinturón gástrico. ¿Acaso son todos hijos míos? ¿Por qué debo mantenerlos? Es una locura sin igual. Es lo mismo que a mi vecino le llegue una factura de luz por el doble de lo consumido, argumentando que yo consumo mucha, y el debe pagarla.

Pero la locura no solo crece de a pasos agigantados, sino que también cambia de rumbo como un tren sin chofer. Por eso, tampoco me sorprendió que obligasen a los locales comerciales a vender ropa de todos los talles. Y cuando digo de todos los talles, me refiero a XXL.
Digamos que si yo decidí perder la forma humana, lo mínimo que puedo hacer es tomarme el trabajo de rastrear negocios que puedan venderme carpas.

Por eso, nadie podría quejarse si el día de mañana los tuerto exigen a las fabricas de anteojos que fabriquen los mismos para gente con un solo ojo. Los mancos exigirían remeras con una sola manga, y la gente con pocos hombros, dirían que las musculosas se les resbalan.

¿Quién tiene más razón? ¿Aquel que nació sin un ojo, o deformado, o aquel que DECIDIO comer como un dinosaurio? Simple, el que no decidió.

Por eso, en estas épocas adonde se están haciendo leyes para permitir cosas, quisiera plantear una que comience a prohibir algunas.
Estoy de acuerdo con los obesos, me los fumo en pipa, y sigo manteniéndolos, pero eso si, adonde me cruzo uno comiendo en un local de Fast food, le pego tal voleo en el orto, que lo levanto un metro del suelo.

Lo mínimo que pretendo, es que si tengo que mantenerlos, no los dejen comer. Sino, en vez de pagar una cura, estoy pagando una cuota alimentaria.
Aparte, si me diesen a elegir, preferiría pagarle la locura a un drogadicto, o el escabio a un alcohólico, que de ultima la pasan bomba y me puedo reír con ellos.

En síntesis, estoy de acuerdo con seguir manteniéndolos, pero solo si se declara ilegal venderle comida.

Quiero tener un 0800 para llamar, en caso de cruzarme alguno en un Burguer King. Quiero que no puedan comprar comida en el supermercado, que supere la cuota del doctor Ravenna. Y quiero que el sábado a la mañana estén todos corriendo en Hollywood. Es lo mínimo que pido.

Aunque lo se, vivimos en un país de vivos. Y ahora que la marihuana se puede consumir, ya puedo imaginarme a los vendedores de Fideos con estofado en la villa. ¿Se imaginan a los obesos yendo a pegar suprema a la napolitana? ¿Haciendo cola en la villa con los tuppers?

El escuadrón anti narcóticos rompería las puertas de las fabricas de pastas en vez de la de los narcos, y la noticia seria algo así como: “Gran allanamiento. Encuentran cien kilos de albóndigas y varios kilos de helado”.


martes, 18 de agosto de 2009

Bomberas Voluntarias..




Cuando los hombres comenzamos a ser niños, y dejamos de ser bebes, el primer regalo que recibimos es un auto. Siempre algún tío o abuelo considera apropiado el hecho de regalar autos en miniatura, aunque este no sea el platillo especial de ningún niño.

Mas tarde, a eso de los seis años, empezamos a recibir regalos que nos marcaran el rumbo de nuestras vidas. Exactamente como sucede con las mujeres. Con la gran diferencia de que ellas reciben regalos creativos y de dedicación, y nosotros de destrucción y abandono.

Fíjense ustedes, el claro ejemplo de una niña recibiendo un bebe de plástico. ¿A que puede jugar? Hay que bañarlo, cuidarlo, darle de comer, etc. A los seis años, una vida depende de ellas.

En el otro extremo, estamos nosotros, quienes llevamos adelante la vida de los pilotos de ese avión de plástico, al que jugamos a estrellar una y otra vez contra cualquier árbol.

Mas tarde, las mujeres comienzan a recibir hornos de mentira, carritos de compras de mentira, y muñecas a quienes vestir. En ese momento, nosotros ya somos dueños de nuestra primera pelota, y no podemos ver nada más.

Cuando la adolescencia comienza a asomar, a los varones nos regalan nuestra primera bicicleta. De alguna forma, nos invitan a retirarnos de la casa de la forma más diplomática disponible.
Ellas, son agasajadas con una fiesta en la que son la principal estrella, o en su defecto, mandadas a recorrer el mundo en su viaje de quince años.

Analizado esto, es imposible no comprender como funcionan las mujeres y como lo hacen los hombres.
Mientras que nosotros jamás habíamos pensado en nada, ellas lo tenían todo planeado. Mientras pateábamos al arco, ellas elegían el primer nombre de su hijo. Mientras andábamos en bici, ellas ya sabían como querían casarse. Y mientras nosotros compramos nuestro primer pantalón, ellas ya tienen todo un armario para donar.

En la raza humana, las mujeres son las que jamás titubean ante la toma de decisiones. Son corajudas, a veces egoístas, y por que no, seguras de si mismas.
Los hombres, somos más bien cobardes, buscamos garantías, y nos da mucho placer poseer cosas.

Dicho esto, ¿Quién puede negar que las mujeres son mas maduras? Es obvio. Mientras nosotros nos maquinábamos con dibujitos animados, con disparar cohetes, o con hacer un gol de mitad de cancha, ellas ya amamantaban a su primer bebe de juguete, le daban de comer, y hasta algunas enfermas mentales lo habían enterrado.

Tal vez por esto, sea que universalmente hablando, los hombres somos buenos para empezar, para encontrar a puerta de entrada, o simplemente para crear algo. Pero misteriosamente, somos malísimos dejadores. No servimos para irnos, para terminar, ni para finiquitar nada de lo que comenzamos.

En contra parte, las mujeres son especialistas en terminar cosas. En decir adiós, y no pensarlo dos veces.

Por eso, siempre digo que no hay nada más peligroso que una mujer decidida a hacer algo, y con la capacidad de lograrlo.
En nuestro caso, y aunque me duela en el alma, tengo que afirmar que desde que existe el MSN, se acabaron los galanes.
Si, disfrutamos mucho el cortejeo cibernético, y antes inclusive de invitar a salir, queremos garantías sexuales escritas en la pantalla de nuestra computadora.
De alguna forma, esto atenta contra la reproducción humana, y contra el futuro de todas las citas pendientes del mundo.

Para el hombre, una mujer llorando es lo mismo que para un bombero un incendio. Es exactamente igual. No importa la manera, hay que apagarlo, anularlo, y nada más nos importa en ese preciso momento.

La mujer, puede comerse un kilo de helado sin tragar mientras nos esta dejando, y pedirnos que nos corramos de su vista, ya que le tapamos la visibilidad del televisor.
No titubea, sabe lo que quiere, y hasta es capaz de decir algo que en el diccionario masculino no existe: La verdad.

Por eso, si prendiésemos fuego dos casas simultáneamente, y en cada una de ellas colocásemos a una persona de cada sexo, veríamos cosas llamativas y graciosas.

El hombre, se vería poseído por la ansiedad y la necesidad de apagar el fuego, y si al lado suyo tuviese varios maletines llenos de dinero que superen el valor del inmueble, estoy seguro que los arrojaría a las brasas con el fin de ver extinguido el incendio. Mas tarde, tiraría al perro, a la madre y hasta a sus propios hijos a las llamas, sin importarle lo mas mínimo. En cuestión de segundos, diría nuestra frase característica: ¿Qué hice? Y se tiraría al fuego para quitarse la vida al ver su error.

En el caso de la mujer, al ver el fuego recogería sus pertenencias de mayor valor. Después, saldría de la casa con el fin de ponerse a salvo, y mas tarde llamaría a los bomberos para que ellos se ensucien las manos en el fuego. Para cuando lleguen los bomberos, ella ya estaría en casa de su mejor amiga viendo alguna película interesante.

Por eso también podría afirmarse que hay más hombres bomberos que mujeres, más hombres policías, y más hombres mecánicos.
Si nos ponemos a pensar, el uso de la fuerza no altera ninguna de las capacidades laborales en ninguno de los casos, por lo que no hay razón para que esta estadística tenga estos resultados.

Pero no importa, por que los hombres, no sabemos lo que hacemos. Sabemos que empezamos algo, que de seguro, en algún momento quisimos, solo que obviamente, no sabemos como terminarlo.
Como este post, que en algún momento tuvo una idea general, pero que por más que me esfuerce, no puedo encontrarle un final. Solo ratifico, que fue fácil empezar, lo difícil es mantenerlo.

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